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La grasa no es un almacén pasivo: es un órgano que produce señales
Durante mucho tiempo se pensó que la grasa del cuerpo era como un depósito de gasolina: simplemente guardaba energía y ya. Hoy se sabe que no es así. El tejido graso, especialmente el que se acumula en la barriga y alrededor de los órganos internos, produce constantemente señales químicas que afectan cómo funciona el resto del cuerpo.
Una parte de esas señales son inflamatorias. No una inflamación que duele como cuando te golpeas, sino un tipo de inflamación de bajo nivel, silenciosa, que va dañando de a poco las células del hígado, el páncreas, los vasos sanguíneos y el cerebro. Esa inflamación es la que conecta el exceso de peso con la presión alta, la glucosa alterada, el hígado graso y el dolor en las articulaciones.
Entre más tejido graso hay acumulado, más señales inflamatorias se producen. Y entre más inflamación, más difícil se vuelve para el cuerpo responder bien a la insulina. Ese es el inicio del ciclo que se alimenta solo.
La resistencia a la insulina: el ciclo que más traba el proceso
La insulina es una hormona que produce el páncreas. Su trabajo es como el de una llave: abre las células para que la glucosa (el azúcar de la sangre) entre y se use como energía. Cuando las células están sanas, responden bien a esa llave. Cuando hay inflamación crónica o exceso de grasa visceral (la grasa que rodea los órganos), las células empiezan a ignorar la señal. Eso es la resistencia a la insulina.
Cuando las células no responden, el páncreas produce más insulina para compensar. Y aquí está el problema: la insulina alta le da al cuerpo una instrucción muy clara, que es guardar grasa, no gastarla. Al mismo tiempo, la glucosa que no entró a las células sigue circulando en la sangre y con el tiempo empieza a dañar vasos y nervios.
- Más grasa visceral → más inflamación. La grasa acumulada en la barriga produce señales que dañan la sensibilidad de las células.
- Más inflamación → más resistencia a la insulina. Las células ignoran la señal de la insulina.
- Más resistencia → más insulina circulando. El páncreas trabaja más fuerte para compensar.
- Más insulina → más almacenamiento de grasa. El cuerpo recibe la orden de guardar, no de gastar.
Es un ciclo que se refuerza solo. Por eso bajar de peso cuando ya hay resistencia a la insulina es más difícil que cuando no la hay. No es que la persona no esté haciendo el esfuerzo: es que el sistema hormonal está empujando en la dirección contraria.
La leptina y la ghrelina: las dos hormonas del hambre que se desregulan
El cuerpo tiene dos hormonas que regulan el hambre. La leptina es la que le dice al cerebro ‘ya tengo suficiente energía guardada, para de comer’. La ghrelina es la que dice ‘tengo hambre, come’. En condiciones normales se equilibran: cuando comes, la leptina sube y la ghrelina baja. Cuando llevas horas sin comer, pasa al revés.
El problema es que cuando hay mucha grasa acumulada, la leptina se produce en exceso durante tanto tiempo que el cerebro deja de escucharla. Es como si alguien te gritara la misma frase todos los días durante años: con el tiempo dejas de prestarle atención. Eso se llama resistencia a la leptina, y es lo que explica por qué una persona puede comer abundante y seguir sintiendo hambre poco después.
Al mismo tiempo, cuando se hacen dietas muy estrictas o el cuerpo percibe que está recibiendo menos energía de la que necesita, la ghrelina sube con fuerza. El cuerpo interpreta la restricción como una amenaza y responde aumentando el hambre para protegerse. Por eso las dietas muy restrictivas suelen terminar con episodios de hambre difícil de controlar: no es debilidad, es fisiología.
⚠️ Sobre las dietas muy estrictas
El sueño y el estrés: los dos factores que más se pasan por alto
Hay dos cosas que tienen un efecto directo sobre todas las hormonas que acabamos de describir, y que raramente se mencionan cuando se habla de peso: el sueño y el estrés.
- Dormir mal sube el hambre al día siguiente. Con menos de 6 horas de sueño, la ghrelina (hambre) sube y la leptina (saciedad) baja. El cuerpo busca compensar la falta de energía con más comida, especialmente comida rápida con mucho azúcar o grasa.
- La apnea del sueño agrava el ciclo. Cuando la respiración se corta varias veces en la noche (que es lo que pasa en la apnea), el cuerpo vive una noche entera de alertas de estrés. Eso eleva el cortisol, la hormona del estrés, que a su vez promueve el almacenamiento de grasa en la barriga.
- El estrés crónico sube el cortisol. El cortisol alto le dice al cuerpo que guarde energía para sobrevivir. Bloquea la pérdida de grasa en la zona abdominal y también aumenta el apetito, especialmente por alimentos dulces y salados.
Si tienes ronquidos fuertes, despiertas cansado aunque hayas dormido 8 horas, o te dicen que te quedas sin respirar mientras duermes, habla con tu médico. La apnea del sueño no tratada hace que cualquier esfuerzo por bajar de peso sea mucho más cuesta arriba.
Qué pasa en el cuerpo cuando hay comorbilidades
Cuando el exceso de peso se mantiene durante años, el impacto va más allá del peso en la báscula. El tejido graso visceral acumulado cerca de los órganos puede producir cambios que afectan varios sistemas al mismo tiempo:
- La presión arterial sube porque el corazón tiene que trabajar más y los vasos sanguíneos se van volviendo menos flexibles.
- La glucosa en sangre sube de a poco porque el páncreas no da abasto produciendo insulina.
- El hígado puede empezar a acumular grasa (lo que se llama hígado graso), lo que afecta la digestión y el metabolismo de las grasas.
- Las articulaciones de rodillas, caderas y espalda cargan más peso del que están diseñadas para soportar, y con el tiempo se desgastan más rápido.
- El riesgo cardiovascular aumenta por la combinación de presión alta, glucosa alterada y lípidos (grasas en sangre) fuera de rango.
Esto no quiere decir que todo vaya a pasar. Hay personas con obesidad que no desarrollan todas estas complicaciones, y hay personas con peso normal que sí. Lo que sí es cierto es que entre más tiempo el cuerpo carga con ese exceso de inflamación y resistencia a la insulina, mayor es el riesgo. Por eso la intervención temprana importa, y por eso el abordaje médico va mucho más allá de decirle a alguien que coma menos.
Apoyos nutricionales que el médico puede considerar
Hay algunos suplementos con evidencia en la literatura médica para trabajar sobre los mecanismos que describimos arriba: la resistencia a la insulina, la inflamación de bajo grado y la regulación del azúcar en sangre. Todos los que aparecen aquí son de uso bajo supervisión médica. No los empieces sin hablar antes con tu médico, especialmente si ya estás tomando medicamentos para la glucosa, la presión o los lípidos.
Berberina
La berberina es un compuesto que se extrae de ciertas plantas y que actúa sobre los mismos caminos que la metformina (el medicamento más usado para la resistencia a la insulina). Mejora la respuesta de las células a la insulina y ayuda a regular el azúcar en sangre.
Toma una cápsula de berberina de 500 mg con el desayuno, el almuerzo y la cena para repartir el efecto a lo largo del día y reducir las molestias digestivas que puede dar si se toma de un solo golpe. Empiézala con una cápsula al día la primera semana y ve subiendo de a una para que el estómago se acostumbre. Si ya tomas metformina o cualquier medicamento para el azúcar, habla con tu médico antes de empezarla: puede bajar demasiado la glucosa si se combinan sin ajuste.
Inositol
El inositol es una sustancia que el cuerpo produce naturalmente y que ayuda a mejorar la señal de la insulina dentro de las células. Es especialmente útil cuando hay resistencia a la insulina asociada a alteraciones hormonales.
Toma el polvo o las cápsulas de inositol en una dosis de 2 a 4 gramos al día, dividida en dos tomas (una en la mañana y otra en la noche), disuelto en agua si es en polvo, para mejorar su absorción. Es bien tolerado en la mayoría de personas, pero dosis altas pueden causar malestar digestivo leve al inicio.
Omega 3
Los ácidos grasos omega 3 tienen efecto antiinflamatorio. Dado que una parte importante del daño que produce el exceso de peso viene de esa inflamación de bajo grado que describimos antes, el omega 3 actúa sobre uno de los mecanismos de fondo.
Toma una cápsula de omega 3 de 1000 mg (que contenga al menos 300 mg de EPA y DHA combinados, como lo dice la etiqueta) con el almuerzo para mejorar su absorción, que necesita algo de grasa en el estómago para hacerse bien. Si tomas anticoagulantes como warfarina o acetato de acenocumarol, avísale a tu médico antes.
Vitamina D
La vitamina D baja es muy frecuente en personas con obesidad porque la grasa corporal atrapa la vitamina D y dificulta que circule libre en la sangre. Niveles bajos de vitamina D se asocian con más resistencia a la insulina y más inflamación.
Toma una cápsula o las gotas de vitamina D de 2000 a 4000 UI al día con una comida que tenga algo de grasa (un huevo, aguacate, una porción de carne) para que se absorba bien, porque la vitamina D necesita grasa para entrar al cuerpo. Pídele a tu médico que te mida el nivel en sangre antes de empezar y que lo revise cada 3 meses.
ℹ️ Sobre los medicamentos nuevos y la cirugía: opciones válidas
Existe hoy un grupo de medicamentos llamados agonistas del GLP-1 que actúan directamente sobre las hormonas del hambre que explicamos en este documento. No son pastillas mágicas, pero sí tienen buena evidencia para personas con obesidad y comorbilidades. Tu médico puede explicarte si aplicas.
La cirugía bariátrica (una operación que cambia el funcionamiento del estómago y del intestino) también es una opción válida y bien respaldada para casos donde el peso es muy alto y los cambios de hábito solos no han sido suficientes. No es la última opción ni el camino fácil: es un procedimiento médico serio que transforma los mecanismos hormonales que describimos aquí. Si te la han mencionado, pregúntale a tu médico sin vergüenza.
Cuándo pedir cita médica pronto
Hay señales que necesitan evaluación médica sin demora. Si tienes alguna de estas, no esperes:
- Te dicen que te quedas sin respirar mientras duermes, o roncas muy fuerte y despiertas con dolor de cabeza.
- Sientes dolor o presión en el pecho, especialmente cuando te mueves.
- Tu glucosa en sangre está por encima de 126 mg/dL en ayunas, o te la han encontrado alta en dos exámenes.
- Tu presión arterial está por encima de 140/90 de manera sostenida.
- Te han dicho que tienes hígado graso en una ecografía.
- El dolor en las rodillas, caderas o espalda ya interfiere con tu vida diaria.
Si quieres ver qué cambios concretos puedes empezar a hacer ahora mismo, el documento con el plan de acción paso a paso lo tiene todo ordenado. Y si prefieres primero entender bien qué está pasando en tu caso antes de entrar al plan, el documento que explica cómo reconocer lo que sientes y qué significa es el punto de partida.
Para pedir cita médica con tu equipo de MiRed:
- Por la página web: miredbarranquilla.com.
- Por WhatsApp: escribe a Mired Barranquilla IPS aquí.
Fuentes y referencias
- Institute for Functional Medicine — Obesidad: resistencia a la insulina, inflamación de bajo grado, disregulación hormonal y abordaje funcional integral.
- Examine.com — Berberina, inositol, omega 3 y vitamina D: mecanismos, dosis y evidencia en resistencia a la insulina y obesidad.
- PubMed — Leptina, ghrelina y resistencia a la insulina: mecanismos fisiopatológicos en obesidad. Tejido adiposo como órgano endocrino.
- Cochrane — Intervenciones para obesidad: revisiones sistemáticas sobre dieta, actividad física, farmacoterapia y cirugía bariátrica.
ℹ️ Información importante. Este contenido es educativo y no reemplaza la consulta médica personalizada. Antes de empezar cualquier suplemento o cambio en tu medicación, habla con tu médico tratante. Las dosis sugeridas son de referencia general; tu médico puede ajustarlas según tu caso.


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